Se quel guerrier io fossi!
¡Si yo fuera ese guerrero!
Se il mio sogno si avverasse!
¡Si mi sueño se cumpliera!
Un esercito di prodi da me guidato
¡Un ejército de valientes guiado por mí
e la vittoria, e il plauso di Menfi tutta!
y la victoria, y el aplauso de todo Menfis!
E a te, mia dolce Aida,
Y a ti, mi dulce Aída,
tornar di lauri cinto
volver ceñido en laureles
Dirti per te ho pugnato,
Decirte que por ti he luchado,
per te ho vinto!
por ti he vencido!
(AIDA: Acto I, Escena I. Giuseppe Verdi / Antonio Ghislanzoni)
Después de meses y meses con el blog abandonado y colgado de internet como un jamón de Trévelez en un secadero, hoy toca un post ligeramente atípico para lo que se solía publicar en La Armada Invencible, aunque en los últimos tiempos había venido intercalando mis habituales comentarios políticos con algún aspecto más personal. Por eso hoy tampoco me lanzaré a la yugular de Zetapé I.
Comienzo entonando los primeros versos del Celeste Aida, de Verdi aunque mi voz dista mucho (pero mucho) de ser la de un divo de la ópera. Pero aún con gallitos y ronquera permanezco en escena, al contrario que Roberto Alagna hace pocos años en el Teatro alla Scala y sin necesidad de tener a todo un Riccardo Muti dirigiendo mi actuación. Precisamente al revés: MedinaSidonia se ha transmutado por un minuto en Radamés sólo para decir que ha luchado y ha vencido. (*)
El Celeste Aida es el famoso aria que inicia la ópera, y es especialmente difícil de interpretar con éxito (la primera parte que comienza con "Se quel guerrier io fossi...) porque el cantante debe emplearse a fondo con la garganta todavía fría nada más salir a escena. Por eso hay que entrenar y entrenar, ensayar y ensayar. Ser persistente, creer en las propias capacidades, la autoestima, luchar y ganar. Eso lleva al éxito a un cantante de ópera en un momento difícil como el inicio del papel de Radamés en Aida, o a MedinaSidonia en algún que otro momentillo espeso que ha tenido. O también puede llevar al fracaso como al mencionado Alagna en aquella ocasión en el mítico teatro lombardo.
Roberto Alagna es un divo francés con un ego como de aquí a Melbourne cuyo máximo mérito en mi opinión se queda en estar casado con la Angela Gheorghiu, una belcantista excepcional (su Violeta en La Traviata y sobre todo su Mimí en La Boheme llega a los niveles de Callas o Tebaldi) al contrario que su marido, un buen cantante aunque lejos de Domingo, Kraus o Pavarotti y que no le llega a la suela de las babuchas al gran Mario del Monaco.
Yo también tengo un ego tirando a gordo, es verdad. Por ejemplo, de aquí a Sydney. Aunque al tiempo que lo tengo, también sé reírme (descojonarme, diría yo) de mí mismo. Tomarse demasiado en serio como un Alagna que huye de la escena ante los abucheos del público milanés es de idiotas.
Así que hoy, aunque evidentemente estamos a 21 de marzo en vez de en el cuarto jueves del undécimo mes del año, y aunque lo que he comido hoy dista mucho de ser un tremendo pavo con puré de cranberries, hoy es mi "Día de Acción de Gracias" personal.
He pasado una temporada un pelín complicada. Varios meses de los más disparatados de mi vida, con una serie de acontecimientos que me han tenido bastante poco pendiente de mi blog, entre otras cosas. De hecho, creo que en estos meses que han transcurrido he publicado muy poco desde "Pafuera telarañas" y "All´alba vincerò", que iban casi seguidos por razones obvias. Terminé definitivamente la historia con el anterior post, ese de "Impresión, Sol naciente", y qué ancho me quedé.
Como muchos lectores saben, estuve un par de añitos en tinieblas. Escribí un post una vez que en agosto pasado comencé a trabajar de nuevo como director general de una empresa distribuidora de alimentación. Dos largos años esperando para entrar en un sitio tan lamentable es mala suerte, pero a esas alturas se habían acabado las opciones de escoger. La compañía era cutre como nunca había (ni habéis) visto, y lo cierto es que ya cuando hacía las entrevistas me temí lo que al final ocurrió. Y por cutre para nada me refiero a la falta de mesas de diseño minimalista escandinavo by Arne Jacobsen y móviles galácticos de la manzana arcoirisada: por cutre quiero decir que estaban sin móviles porque el operador había cortado la línea por falta de pago. Mesas lo que se dice mesas, había, aunque mejor me ahorro contar cómo eran. También había ordenadores... si te llevabas el tuyo a la oficina, claro.
Al final y por el desastre que era la empresa y con la inestimable ayuda de la famosa crisis financiera, llegó la suspensión de pagos. Ninguna sorpresa, por otra parte. Pero dejaré de perder el tiempo contando la película basada en un libro de Stephen King que fueron los meses en los que trabajé en la empresa en cuestión allá en Parla: Vamos a dejarlo en que fue la peor experiencia profesional de mi vida y en que me deben (bastante) dinero todavía.
Antes de contar lo que hice a partir de entonces, además de enviar muchos curricula como es obvio, les recuerdo lo que he dicho en varios post: que mis convicciones distan mucho de ser católicas. Ya hace muchos años que llegué a esta conclusión a pesar de haber sido educado en colegios católicos de San Sebastián y de Zaragoza, o tal vez precisamente por eso. Pero también dejo claro que mi problema como ya he dicho muchas veces es con la Iglesia Católica, pero sin problemas con Dios.
Mis misas y demás manifestaciones católicas de los últimos 25 años se limitan casi exclusivamente a las bodas de familiares y amigos, bautizos, funerales (pocos, afortunadamente) y nada más. Lo cierto es que mi madre cree que soy prácticamente ateo, pero mi madre es exageradamente exagerada, y perdón por la redundancia.
En fin, el caso es que para encontrar una solución que ya era apremiante, pensé que además de lo obvio podía ser una buena idea hacer algo nuevo. Fue Albert Einstein quien dijo algo así como que haciendo siempre lo mismo, en el mejor de los casos obtendremos siempre los mismos resultados, así que hacerle la pelota al santo que patrocina casos como éste era algo nuevo para mi. Muchos lectores habrán oído hablar de la famosa oración a San Judas Tadeo: Se supone que la rezas... etvoilà!, problema solucionado, o eso te asegura el marketing católico. Luego, hay que hacer público lo conseguido en un periódico, en internet o en cualquier otro medio masivo: "San Judas Tadeo patrocina esta graciosa concesión". Más marketing católico.
Pero lo cierto es que sí que parece funcionar, o tal vez es que lo necesitaba y lo pedía ya con tanta vehemencia interior que el universo al final se dio por enterado y me contestó. Y me dijo que vale, que sí. Y aquí es donde viene el sentido de este post: estoy ahora cumpliendo con la parte del trato que me toca a mi, y nada mejor para publicitar que la he utilizado y que me ha servido de mucho que hacer una entrada en mi propio blog.
Allá por el mes de octubre del año pasado, decidí dar un giro a mi situación profesional. La característica más interesante de mi situación profesional era que no tenía ninguna situación profesional. O dicho sin dar tantas vueltas y requiebros: Que estaba en paro, coño. Desde que cerró la cutrempresa esa de la que hablaba antes.
En fin, al final me asocié con un amigo de esos de los de toda la vida (veintitantos años ha), y decidimos crear una empresa. En eso he estado ocupado en los últimos meses. No les voy a aburrir, sorprendidos lectores (sorprendidos de que haya vuelto a escribir algo aquí), con un anuncio de mi empresa, ni voy a publicar aquí un bonito powerpoint con lo que somos y hacemos. Me limitaré a decir que con la inestimable ayuda de mis hermanos (uno en un sentido más económico y otro en un sentido más moral, pero igual de inestimable), ahí estamos en el mercado de nuevo, con más ganas que nunca de hacer cosas. Y no diré la "impagable" ayuda de mis hermanos porque se lo pagaré, como hay Dios que sí.
De modo que como se puede ver, mi preocupación principal ha visto una ¿milagrosa? solución. Insisto: pensad lo que os dé la gana, yo me quedo con lo mío. Bueno, aún me falta ganar dinero con esto, dicho sea de paso. Pero el paso está dado, estoy feliz como una perdiz y las cosas saldrán porque hacemos las cosas bien.
Hablando del título de este blog, La Armada Invencible nunca fue vencida, a pesar de la equivocada creencia popular y la sectaria literatura anglófila. Felipe II la envió a luchar contra los ingleses, pero en vez de herejes encontró tormentas y huracanes. Sin embargo su naufragio (nunca derrota, insisto) en ningún caso significó el fin del Imperio Español, sólo un ligero contratiempo. Que Alonso Pérez de Guzmán El Bueno, VII Duque de Medina Sidonia al frente de la Grande y Felicísima Armada fuera un incapaz es irrelevante en este caso. Que se marease en barco, también.
Así que tal vez mi nick en este blog debería haber sido SantaCruz, el viejo marqués Don Alvaro de Bazán, muerto en Lisboa poco tiempo antes de la salida de la Invencible: Hay historiadores que piensan que el héroe de Lepanto convertido en Grande de España por Felipe II ("... por el sol, señor marqués, por el sol") fue envenenado por agentes ingleses ya que con él al frente el desenlace podría haber sido diferente. Sin embargo, las tormentas hubieran caído igual sobre los galeones españoles. Tal vez la flota hubiera evitado el amarre a la espera en Flandes de las tropas de Alejandro Farnesio... pero es una ucronía estéril plantearse esas cosas. Y además me estoy desviando del propósito de este post. Aunque ya puestos a desviarme un poco, quisiera recordar aquí el naufragio de la Contraarmada inglesa un par de años después frente a la costa de La Coruña: un desastre similar al de los españoles en la cuenta de la Pérfida Albión y del pirata Francis Drake.
En fin, sólo era un recordatorio de que la Historia reparte para todos. Y eso que me abstengo de comentar lo del sitio de Cartagena de Indias, una derrota de dimensiones bíblicas para la Royal Navy y una victoria (otra) de magnitud histórica para la Real Armada Española.
Pero a lo que iba: El MedinaSidonia que firma este blog nunca se marea en barco, es de San Sebastián, Español y Madridista: orgulloso y a veces un tanto altivo incluso. Este MedinaSidonia ha resistido los últimos años mucho, contando con el apoyo de muchos también. Gracias a ellos este MedinaSidonia ha podido sobrevivir a tormentas y huracanes y después ha degollado a cuantos herejes se han puesto delante en forma de dificultades que parecían insalvables. Pero ya escribí hace meses aquello de Tramontate stelle... All'alba vincerò!! (Turandot, Acto III, Escena 1ª), y de ese modo ha ocurrido exactamente: Se ocultaron las estrellas y vencí al alba, como el príncipe Calaf. O como Radamés (y disculpas por mezclar en el mismo párrafo a Verdi y a Puccini; a Turandot y a Aida).
De modo que aquí estoy, diciendo GRACIAS y haciéndolo PUBLICO en este post, sin pretender que pase desapercibido entre comentarios irónicos. Esto es lo que hay, se puede decir más alto, pero difícilmente más claro: GRACIAS, GRACIAS y GRACIAS, por si queda alguna duda. Gracias a mi Familia, a mis Amigos... y a San Judas Tadeo, que algo habrá hecho.
Os dejo aquí un link a una web que lleva al lugar en cuestión. A mí me ha servido, pero vosotros mismos. Si queréis probar, como decía aquel anuncio de champú, "nada tienes que perder, sólo la caspa".
Sigo sin ser católico, por cierto. Sin relación entre una cosa y otra: Al fin y al cabo cuando San Judas Tadeo vivía, ni había Iglesia Católica ni nada parecido. Únicamente San Judas solo ante el peligro y solo ante los soldados de Roma, los babilonios y la banda de cabrones que dominaba por entonces el mundo. Ahí es ná.
PD: ¡Joder, qué ganas tenía de publicar este post!
(*) Tengo que admitir que visto el video en YouTube, mi oído dista bastante de ser el del entendido público del Teatro alla Scala. O es el sonido de mi PC, que tampoco es para tirar cohetes, o los pitos eran por otra cosa: Para mí, el aria es correcta aunque sólo soy un amateur en esto.























