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domingo 21 de marzo de 2010

Thanksgiving Day


Se quel guerrier io fossi!
¡Si yo fuera ese guerrero!
Se il mio sogno si avverasse!
¡Si mi sueño se cumpliera!
Un esercito di prodi da me guidato
¡Un ejército de valientes guiado por mí
e la vittoria, e il plauso di Menfi tutta!
y la victoria, y el aplauso de todo Menfis!
E a te, mia dolce Aida,
Y a ti, mi dulce Aída,
tornar di lauri cinto
volver ceñido en laureles
Dirti per te ho pugnato,
Decirte que por ti he luchado,
per te ho vinto!
por ti he vencido!


(AIDA: Acto I, Escena I. Giuseppe Verdi / Antonio Ghislanzoni)




Después de meses y meses con el blog abandonado y colgado de internet como un jamón de Trévelez en un secadero, hoy toca un post ligeramente atípico para lo que se solía publicar en La Armada Invencible, aunque en los últimos tiempos había venido intercalando mis habituales comentarios políticos con algún aspecto más personal. Por eso hoy tampoco me lanzaré a la yugular de Zetapé I.

Comienzo entonando los primeros versos del Celeste Aida, de Verdi aunque mi voz dista mucho (pero mucho) de ser la de un divo de la ópera. Pero aún con gallitos y ronquera permanezco en escena, al contrario que Roberto Alagna hace pocos años en el Teatro alla Scala y sin necesidad de tener a todo un Riccardo Muti dirigiendo mi actuación. Precisamente al revés: MedinaSidonia se ha transmutado por un minuto en Radamés sólo para decir que ha luchado y ha vencido. (*)


El Celeste Aida es el famoso aria que inicia la ópera, y es especialmente difícil de interpretar con éxito (la primera parte que comienza con "Se quel guerrier io fossi...) porque el cantante debe emplearse a fondo con la garganta todavía fría nada más salir a escena. Por eso hay que entrenar y entrenar, ensayar y ensayar. Ser persistente, creer en las propias capacidades, la autoestima, luchar y ganar. Eso lleva al éxito a un cantante de ópera en un momento difícil como el inicio del papel de Radamés en Aida, o a MedinaSidonia en algún que otro momentillo espeso que ha tenido. O también puede llevar al fracaso como al mencionado Alagna en aquella ocasión en el mítico teatro lombardo.


Roberto Alagna es un divo francés con un ego como de aquí a Melbourne cuyo máximo mérito en mi opinión se queda en estar casado con la Angela Gheorghiu, una belcantista excepcional (su Violeta en La Traviata y sobre todo su Mimí en La Boheme llega a los niveles de Callas o Tebaldi) al contrario que su marido, un buen cantante aunque lejos de Domingo, Kraus o Pavarotti y que no le llega a la suela de las babuchas al gran Mario del Monaco.


Yo también tengo un ego tirando a gordo, es verdad. Por ejemplo, de aquí a Sydney. Aunque al tiempo que lo tengo, también sé reírme (descojonarme, diría yo) de mí mismo. Tomarse demasiado en serio como un Alagna que huye de la escena ante los abucheos del público milanés es de idiotas.

Así que hoy, aunque evidentemente estamos a 21 de marzo en vez de en el cuarto jueves del undécimo mes del año, y aunque lo que he comido hoy dista mucho de ser un tremendo pavo con puré de cranberries, hoy es mi "Día de Acción de Gracias" personal.

He pasado una temporada un pelín complicada. Varios meses de los más disparatados de mi vida, con una serie de acontecimientos que me han tenido bastante poco pendiente de mi blog, entre otras cosas. De hecho, creo que en estos meses que han transcurrido he publicado muy poco desde "Pafuera telarañas" y "All´alba vincerò", que iban casi seguidos por razones obvias. Terminé definitivamente la historia con el anterior post, ese de "Impresión, Sol naciente", y qué ancho me quedé.

Como muchos lectores saben, estuve un par de añitos en tinieblas. Escribí un post una vez que en agosto pasado comencé a trabajar de nuevo como director general de una empresa distribuidora de alimentación. Dos largos años esperando para entrar en un sitio tan lamentable es mala suerte, pero a esas alturas se habían acabado las opciones de escoger. La compañía era cutre como nunca había (ni habéis) visto, y lo cierto es que ya cuando hacía las entrevistas me temí lo que al final ocurrió. Y por cutre para nada me refiero a la falta de mesas de diseño minimalista escandinavo by Arne Jacobsen y móviles galácticos de la manzana arcoirisada: por cutre quiero decir que estaban sin móviles porque el operador había cortado la línea por falta de pago. Mesas lo que se dice mesas, había, aunque mejor me ahorro contar cómo eran. También había ordenadores... si te llevabas el tuyo a la oficina, claro.


Al final y por el desastre que era la empresa y con la inestimable ayuda de la famosa crisis financiera, llegó la suspensión de pagos. Ninguna sorpresa, por otra parte. Pero dejaré de perder el tiempo contando la película basada en un libro de Stephen King que fueron los meses en los que trabajé en la empresa en cuestión allá en Parla: Vamos a dejarlo en que fue la peor experiencia profesional de mi vida y en que me deben (bastante) dinero todavía.

Antes de contar lo que hice a partir de entonces, además de enviar muchos curricula como es obvio, les recuerdo lo que he dicho en varios post: que mis convicciones distan mucho de ser católicas. Ya hace muchos años que llegué a esta conclusión a pesar de haber sido educado en colegios católicos de San Sebastián y de Zaragoza, o tal vez precisamente por eso. Pero también dejo claro que mi problema como ya he dicho muchas veces es con la Iglesia Católica, pero sin problemas con Dios.

Mis misas y demás manifestaciones católicas de los últimos 25 años se limitan casi exclusivamente a las bodas de familiares y amigos, bautizos, funerales (pocos, afortunadamente) y nada más. Lo cierto es que mi madre cree que soy prácticamente ateo, pero mi madre es exageradamente exagerada, y perdón por la redundancia.

En fin, el caso es que para encontrar una solución que ya era apremiante, pensé que además de lo obvio podía ser una buena idea hacer algo nuevo. Fue Albert Einstein quien dijo algo así como que haciendo siempre lo mismo, en el mejor de los casos obtendremos siempre los mismos resultados, así que hacerle la pelota al santo que patrocina casos como éste era algo nuevo para mi. Muchos lectores habrán oído hablar de la famosa oración a San Judas Tadeo: Se supone que la rezas... etvoilà!, problema solucionado, o eso te asegura el marketing católico. Luego, hay que hacer público lo conseguido en un periódico, en internet o en cualquier otro medio masivo: "San Judas Tadeo patrocina esta graciosa concesión". Más marketing católico.

Pero lo cierto es que sí que parece funcionar, o tal vez es que lo necesitaba y lo pedía ya con tanta vehemencia interior que el universo al final se dio por enterado y me contestó. Y me dijo que vale, que sí. Y aquí es donde viene el sentido de este post: estoy ahora cumpliendo con la parte del trato que me toca a mi, y nada mejor para publicitar que la he utilizado y que me ha servido de mucho que hacer una entrada en mi propio blog.

Allá por el mes de octubre del año pasado, decidí dar un giro a mi situación profesional. La característica más interesante de mi situación profesional era que no tenía ninguna situación profesional. O dicho sin dar tantas vueltas y requiebros: Que estaba en paro, coño. Desde que cerró la cutrempresa esa de la que hablaba antes.


En fin, al final me asocié con un amigo de esos de los de toda la vida (veintitantos años ha), y decidimos crear una empresa. En eso he estado ocupado en los últimos meses. No les voy a aburrir, sorprendidos lectores (sorprendidos de que haya vuelto a escribir algo aquí), con un anuncio de mi empresa, ni voy a publicar aquí un bonito powerpoint con lo que somos y hacemos. Me limitaré a decir que con la inestimable ayuda de mis hermanos (uno en un sentido más económico y otro en un sentido más moral, pero igual de inestimable), ahí estamos en el mercado de nuevo, con más ganas que nunca de hacer cosas. Y no diré la "impagable" ayuda de mis hermanos porque se lo pagaré, como hay Dios que sí.


De modo que como se puede ver, mi preocupación principal ha visto una ¿milagrosa? solución. Insisto: pensad lo que os dé la gana, yo me quedo con lo mío. Bueno, aún me falta ganar dinero con esto, dicho sea de paso. Pero el paso está dado, estoy feliz como una perdiz y las cosas saldrán porque hacemos las cosas bien.

Hablando del título de este blog, La Armada Invencible nunca fue vencida, a pesar de la equivocada creencia popular y la sectaria literatura anglófila. Felipe II la envió a luchar contra los ingleses, pero en vez de herejes encontró tormentas y huracanes. Sin embargo su naufragio (nunca derrota, insisto) en ningún caso significó el fin del Imperio Español, sólo un ligero contratiempo. Que Alonso Pérez de Guzmán El Bueno, VII Duque de Medina Sidonia al frente de la Grande y Felicísima Armada fuera un incapaz es irrelevante en este caso. Que se marease en barco, también.


Así que tal vez mi nick en este blog debería haber sido SantaCruz, el viejo marqués Don Alvaro de Bazán, muerto en Lisboa poco tiempo antes de la salida de la Invencible: Hay historiadores que piensan que el héroe de Lepanto convertido en Grande de España por Felipe II ("... por el sol, señor marqués, por el sol") fue envenenado por agentes ingleses ya que con él al frente el desenlace podría haber sido diferente. Sin embargo, las tormentas hubieran caído igual sobre los galeones españoles. Tal vez la flota hubiera evitado el amarre a la espera en Flandes de las tropas de Alejandro Farnesio... pero es una ucronía estéril plantearse esas cosas. Y además me estoy desviando del propósito de este post. Aunque ya puestos a desviarme un poco, quisiera recordar aquí el naufragio de la Contraarmada inglesa un par de años después frente a la costa de La Coruña: un desastre similar al de los españoles en la cuenta de la Pérfida Albión y del pirata Francis Drake.

En fin, sólo era un recordatorio de que la Historia reparte para todos. Y eso que me abstengo de comentar lo del sitio de Cartagena de Indias, una derrota de dimensiones bíblicas para la Royal Navy y una victoria (otra) de magnitud histórica para la Real Armada Española.


Pero a lo que iba: El MedinaSidonia que firma este blog nunca se marea en barco, es de San Sebastián, Español y Madridista: orgulloso y a veces un tanto altivo incluso. Este MedinaSidonia ha resistido los últimos años mucho, contando con el apoyo de muchos también. Gracias a ellos este MedinaSidonia ha podido sobrevivir a tormentas y huracanes y después ha degollado a cuantos herejes se han puesto delante en forma de dificultades que parecían insalvables. Pero ya escribí hace meses aquello de Tramontate stelle... All'alba vincerò!! (Turandot, Acto III, Escena 1ª), y de ese modo ha ocurrido exactamente: Se ocultaron las estrellas y vencí al alba, como el príncipe Calaf. O como Radamés (y disculpas por mezclar en el mismo párrafo a Verdi y a Puccini; a Turandot y a Aida).

De modo que aquí estoy, diciendo GRACIAS y haciéndolo PUBLICO en este post, sin pretender que pase desapercibido entre comentarios irónicos. Esto es lo que hay, se puede decir más alto, pero difícilmente más claro: GRACIAS, GRACIAS y GRACIAS, por si queda alguna duda. Gracias a mi Familia, a mis Amigos... y a San Judas Tadeo, que algo habrá hecho.

Os dejo aquí un link a una web que lleva al lugar en cuestión. A mí me ha servido, pero vosotros mismos. Si queréis probar, como decía aquel anuncio de champú, "nada tienes que perder, sólo la caspa".

Sigo sin ser católico, por cierto. Sin relación entre una cosa y otra: Al fin y al cabo cuando San Judas Tadeo vivía, ni había Iglesia Católica ni nada parecido. Únicamente San Judas solo ante el peligro y solo ante los soldados de Roma, los babilonios y la banda de cabrones que dominaba por entonces el mundo. Ahí es ná.

PD: ¡Joder, qué ganas tenía de publicar este post!



(*) Tengo que admitir que visto el video en YouTube, mi oído dista bastante de ser el del entendido público del Teatro alla Scala. O es el sonido de mi PC, que tampoco es para tirar cohetes, o los pitos eran por otra cosa: Para mí, el aria es correcta aunque sólo soy un amateur en esto.


domingo 13 de septiembre de 2009

Impresión, Sol naciente



¿Cuánto hacía? ¿Más de dos meses? Ya casi había olvidado la clave de entrada a Blogger. Y ya casi había olvidado que tengo un blog y que debería actualizarlo. Han sido dos meses de vacaciones posteadoras o posteantes, pero la verdad es que llevo una temporada bastante espeso. Espeso de todo, necesitaba un poco de agua que aclarase la salsa. "El secreto consiste en no abusar de las salsas", una cita la mar de erudita para comenzar (*).

El caso es que este post de rentrée va a ser breve y un poco críptico para quien no me conozca personalmente. Incluso para algunos que sí me conozcan en carne, hueso y restos de gin&tonic fluyendo por mis arterias. Prometo enmendarme la plana a mí mismo y volver por donde solía; esto es, a darle cera de la de limpiar suelos a Zetapé I y a Mariano. Ambos nos han dado momentos memorables este verano de los que no he dado cuenta en estas líneas por aquello que decía de la salsa espesa, y tal y tal.

Voy a transcribir literalmente el post que escribí ayer en otro blog que tenía. Y digo bien "tenía" porque la bitácora alternativa feneció ayer a las 05:45 am por decisión irrevocable de su administrador, o sea yo mismo ("i-rre-vo-ca-ble, ni una palabra más", diría el barón Clappique de Malraux en el Shanghai de los años 30's). Esta entrada postrera da continuación y "despedida y cierre" a esos dos posts que escribí a principios de año sobre aquello de la Duquesa Consorte y todo eso. Algunos los recordarán, otros no tanto y pueden encontrarlos a la derecha del blog, donde dice "Todas las naves desembarcadas": son los de "Pafuera telarañas" y el siguiente "All'alba vincerò".

El caso es que el sábado por la mañana me levanté como recién duchado. Yo (como es normal) me ducho todas las mañanas, pero lo cierto es que me desperté como si no lo necesitara. Me había librado de toda la porquería, mugre y roña que tenía en la cabeza desde hacía tiempo. Como si hubiera soñado con un gel de ducha de esos que usan en los hospitales para matar microbios, virus, bacterias y a todo el que pase cerca del lavabo (*2). Al llegar a casa la noche anterior, escribí el post que sentenciaba a muerte y ejecutaba sumarísimamente al blog alternativo. Delenda est Duchessa, en mi cabeza quiero decir.

Recordaba de repente cierto museo de París, uno al que no va tanta gente como al Louvre o a Orsay. El Musée Marmottan Monet en el corazón del 16ème arrondissement, el Barrio de Salamanca parisino. En él se exhibe el cuadro de Claude Monet que da nombre al movimiento impresionista, "Impression, soleil levant" (Impresión, sol naciente). Pues así me sentía yo, como el título del cuadro. El viernes noche tuve una especie de revelación, y el sol salió de nuevo como todos los días aunque yo no me daba cuenta hasta entonces. Una buena amiga mía diría aquí "Amanece, que no es poco", citando su película favorita aunque Monet no tenga nada que ver con José Luis Cuerda.

Y cito, sin más prolegómenos:

"Hoy por la noche estaba en el Moss con un amigo cuando de repente apareció un Aleph vestido de negro en una esquina de la barra, al lado de una columna junto a la cortina. A la manera de Borges, el Aleph contenía el mundo entero y por tanto, todo lo que es. O mejor dicho en este caso, todo lo que ERA. El Aleph reparó en mi presencia y abrió los ojos como platos de porcelana de Baviera. Yo pedí una Coronita con rodaja de lima. Me dieron limón. Un rato después el Aleph vestido de negro dejó el bar por mi derecha mirando sin saludar mientras yo apuraba mi cerveza con rodaja de limón. Pero ya no me importó: Yo ya había visto a su través que el mundo es grande, muy grande. Mucho más grande que ella y que yo. Mucho más grande que un Aleph en la esquina derecha del fondo de un bar de moda. Había visto que el mundo no se para ni se parará. He visto todo lo que es o todo lo que era, pero sobre todo he visto todo lo que podía haber sido pero no será. Y esto último no ha sido a través del Aleph. Ahora ya pueden derribar la vieja casa de la calle Garay: el Aleph que he visto es el pasado, y como tal ya no me interesa.

Cuando el Aleph salió del bar, de repente y a la manera de Sartre, existo de nuevo. Fui consciente de ello y abandoné para siempre mi Bouville particular. "One of these days... you'll miss me, honey" sonó por última vez en el fonógrafo del Rendez-vous des Cheminots. Apuro mi cerveza mexicana y dejo para siempre de escribir sobre el Marqués de Rollebon, o sobre la Duquesa Consorte. Al menos sobre Esta. Empaquete sus cosas y vuelva a París, Monsieur Roquentin. Pero ya no hay náusea, al contrario: Hay libertad. Mi libertad. Existo porque soy libre. Anny se queda en Londres para siempre y nunca volverán los momentos perfectos. Ni falta que hace. ¿Los hubo? Soy. Existo. Yo.

Hoy he terminado mi recorrido por los nueve círculos del Infierno y por el Purgatorio, con Virgilio en forma de gente que me quiere y a quien quiero. Hoy he sido consciente que soy Aligheri, no un alma en pena condenada a purgar sus pecados. Que mi periplo es temporal y que ya ha terminado. Beatrice me descubre el Empíreo y vuelvo al mundo. Mi Mundo. "Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate!": Eso no es para mí: Yo sólo estaba de paso.

Atravesando el Infierno puedo ser un güelfo florentino, pero desde ya vuelvo a ser un golfo donostiarra.

Carlos Argentino Daneri-Dante Aligheri-Antoine Roquentin. Una mezcla incoherente que sólo tomo prestada para decir que a veces, para que algo nuevo nazca, algo viejo debe morir.



La Duchesse est morte!
Vive la Duchesse!


Zaragoza, a 12 de septiembre de 2009
05:45am"


He dicho. ("He-di-cho, ¡¡ni una palabra más!!", repetiría Clappique, de nuevo)(*3)



(*) Abraracúrcix en "El Escudo Arverno". Interesante que el nombre del jefe de la tribu gala en francés venga de "à bras raccourcis", algo así como "a brazo partido". Que no es lo mismo que "abrazo partido", por supuesto.

(*2) A pesar de esa sensación fresca y lozana, por supuesto me duché aquella mañana.

(*3) Ya que estoy, cito a todos: El barón de Clappique, para quien no lo sepa, es un personaje de La Condición Humana, de André Malraux.

miércoles 24 de junio de 2009

El Superintendente Vicente


Entre las numerosas aplicaciones de Photoshop está el trucaje de fotografías de patéticos personajillos del corazón y del páncreas, aunque no sólo la prensa del cuore utiliza el popular programa para borrar la papada y el michelín de vicetiples y cantamañanas de toda índole y estado etílico. También los espías más sofisticados del mundo utilizan el software para borrar su rastro tras una peligrosa misión de las de salvar al mundo de un holocausto nuclear.

Este es el caso de la entretenida jornada de pesca del superintendente Vicente, el líder sin discusión de la TIA, digo del CNI. Los secretos de estado más insondables, la lucha contra ETA, el tráfico de drogas y el blanqueo de dinero subsiguiente pasan por las manos de este hombre, del cual depende nuestra seguridad y nuestro futuro como nación libre. Y si James Bond se distrae en el transcurso de sus misiones en el casino de Montecarlo o en alguna isla del Caribe anglófono, nuestro espía de espías se solaza con el noble arte de la pesca de peces espada. Nada que objetar mientras se lo pague él, a no ser que todo esto no sea sino una sofisticada tapadera y estén en realidad esperando un submarino atómico que les va a entregar los planos del programa nuclear de Kim Yong Il, el líder norcoreano con tupé. Y si por ello hace falta ocultar la presencia de Vicente en la misión, se coge el Photoshop y se planta en el lugar de su cabeza la de un señor con bigote y perilla que andaba por ahí. Con dos cojones, oiga. Y con dos cabezas iguales, claro: o el informático tenía prisa, o ahora el CNI recluta gemelos idénticos, lo que puede ser útil en algunas misiones, como en el caso de que las espías rusas buenorras también sean gemelas y así todo queda bajo control.

Sin embargo, en un audaz alarde de periodismo de investigación, hemos conseguido en rigurosa exclusiva la auténtica foto de Vicente -nombre en clave del Sr. Sáiz-, el audaz director del Centro Nacional de Inteligencia (sic), sin trucajes ni pixelados. No he podido conseguir, sin embargo, una foto con las verdaderas caras del resto de los presentes en la jornada lúdico-pesquera que se desarrolló en Senegal hace unos meses. Hubieran podido ver a los agentes Anacleto, Mortadelo (disfrazado de pez espada), Filemón, y hasta al profesor Bacterio y a la secretaria Ofelia, que se sumaron al evento ya que estaba pagado.

Todo lo anterior y la realidad está más conectado de lo que parece. Como (casi) todo el mundo sabe, Alberto Sáiz ha practicado la pesca y la caza en diversos lugares de Africa y América a cargo del sufrido contribuyente español, y no contento con ello, de paso utiliza las cámaras frigoríficas del CNI para guardar las piezas capturadas, ya sean terrestres, voladoras o acuáticas. Y a todo esto me pregunto para qué rayos hay cámaras frigoríficas en las oficinas de los espías: ¿Es que conservan restos de un par de marcianos caídos en Albacete como los de Roswell? ¿O es que le realquilan espacio a Mercamadrid para cuadrar el presupuesto?

No sólo eso: A Sáiz le hemos pagado la seguridad de su casa (eso no me parece mal del todo, dentro de un límite) y una tele último grito Loewe de 5.000 euros para su chalet, ya que la que se le llevó en un principio no era de su gusto. Entiendo que tenga una pantalla estupenda en su despacho para sus conferencias encriptadas con los espías... ¿pero para qué coño quiere una superpantalla en su casa? ¿para ver Gran Hermano XXVII? Por si fuera poco, los espías tienen que limpiarle la piscina con trajes y gafas ad hoc y cepillos para rascar las algas: Agentes haciendo de limpiapiscinas, lo que faltaba para una nueva aventura de Mortadelo y Filemón. Me estoy imaginando la contraseña para entrar en la casa a realizar la misión: "El kilo de sardineta ha subido otra peseta"

Pero como decía Superratón (*), "No se vayan todavía, aún hay más": los espías de élite se dedican a ir a Galicia cada año a comprar la cosecha de patatas de un familiar. Y yo, persona abierta a las novedades, entiendo que la patata gallega goza de merecida fama y que con un buen pulpo están estupendas, con su aceite de oliva virgen, su sal gorda y su pimentón. Pero ¿hace falta utilizar espías para esto? ¿Tan buenas son esas patatas que nadie puede conocer el secreto de la tortilla de ídem de Sáiz? ¿No podría mandar a la asistenta al Carrefour más cercano a hacer la compra?

Que el tono pizpireto y jacarandoso de los párrafos anteriores no les distraiga de la triste y cutre realidad. Una vez más estamos ante un alto cargo que se cree que el área bajo su responsabilidad es su cortijo personal del que puede chupar con fruición todo lo posible mientras dure: Si se puede sacar por la patilla una tele de 5.000 euros ¿por qué sacar una de "sólo" 3.000? Si le limpian la piscina por la cara (dura) ¿para qué rascarse el bolsillo pagando a un profesional del gremio como hace todo el mundo? (me refiero a todo el mundo que tenga piscina, claro). Y si el viaje es en un Falcon del ejército ¿para qué gastarse la pasta en un billete de avión?

No nos perdamos que hoy este Superagente 86 con zapatófono de marca ha comparecido a puerta cerrada en el Congreso para justificar los gastos y los viajes, con facturas y todo. Pero no creo que Vicente tenga problemas para conseguir unas cuantas facturas falsas para hacer creer que todo es legal, al fin y al cabo se dedica a eso: Si se puede entrar en los servidores del Pentágono ¿no se va a poder uno hacer una facturita falsa como un billete de siete euros para desgravar el IVA?

Pero si alguno creía que esto era todo, ya llegamos a las últimas partes del "chou", digna de una película de espías con Esteso y Pajares en los papeles estelares: Puestos a pinchar, se pincha el teléfono de un amigo para espiar a la chacha ecuatoriana, ya que al parecer hablaba mucho con su novio. ¿Es o no es de Esteso y Pajares? ¿Es o no es de chiste de Chiquito de la Calzada?: Los guardianes de la Civilización Occidental chafardeando sobre los "sí, mi amol" de Gladys Francisca de Todos los Santos.

En su indesmayable afán por llegar al fondo del asunto, Vicente remata la faena utilizando la máquina de la verdad (¿de qué verdad?) para averiguar qué agentes han filtrado la información de los delitos de este espía de tres al cuarto cutre.

¿No se imaginan la escena? ¿No ven al profesor Bacterio conectando cables y tubos al sufrido Mortadelo disfrazado de topo al servicio de El Mundo?



(*) Como se puede ver, el nivel de mis citas sube como la espuma. ¿Para qué citar a Oscar Wilde cuando se puede citar a Mighty Mouse?