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lunes 14 de julio de 2008

Mordiendo la manzana


Un año de espera y ya está aquí el iPhone de Apple, el nuevo "must have" que casi promete incluso rellenarnos los boletos de Euromillones con 5 aciertos más dos estrellas. El gadget de-fi-ni-ti-vo, the next best thing, el último alarido, "lo más", im-prezionante, la monda, la pera y el plátano de Canarias.

No voy a criticar aquí el aparato en cuestión (probablemente antes o después, caerá uno), ni siquiera voy a meterme con los freakies que durmieron el otro día delante de la tienda de Telefónica de la Gran Vía madrileña para "ser los primeros" en tenerlo. No iban vestidos de Obi-Wan-Kenobi o de Chewakka como en los estrenos de la saga de Star Wars, ni siquiera se disfrazaron de antena de telefonía de tejado o de punto de acceso wi-fi (¿cómo será un disfraz de eso?). Por no hacer nada, no llevaban ni un triste pin de Telefónica, ni una camiseta color azul movistar. Simplemente me parece que hay gente con pocas cosas que hacer un jueves por la noche en Madrid, pero eso es asunto (o problema) suyo.

Lo cierto es que si me he puesto a escribir sobre este aparato es por la viñeta de la tercera página de El Mundo dibujada por Ricardo y publicada el viernes 11 de julio, la semana pasada, al día siguiente de la llegada de una patera de inmigrantes a las costas de Granada y en la que habían muerto decenas de personas antes de arribar a la costa española. En la viñeta, un negro a bordo de la patera proponía a sus compañeros de travesía meterse dentro de una caja de cartón en la que decía "Cargamento de iPhones", argumentando que así "seguro que les rescataban mucho antes".

La viñeta es demoledora, y además es cierta. No porque sea verdad que se rescate antes un cargamento de teléfonos móviles que un cargamento de seres humanos (quiero pensar que no). Lo que es verdad es que priorizamos (yo el primero) y nos interesa más cómo hacernos con el último gadget electrónico que el hecho de que miles de personas mueran en algún lugar ígnoto del mundo. Aunque en este caso concreto murieron cerca de la puerta de servicio de nuestro país.

Al final de la lectura del periódico, llegué a la conclusión de que me habían interesado más las tarifas de Movistar para hacerme con uno de esos aparatos que la muerte de los inmigrantes en su camino hacia la rica Europa. De hecho, me afectaban más directamente. Incluso esbocé una sonrisa al ver el chiste ("es verdad, así somos", pensé). Leí con más interés las últimas novedades del fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid que los muertos en el último atentado suicida en Irak. Al fin y al cabo esos habían reventado en mil pedazos a miles de kilómetros de mi casa. Además, lo de Irak o lo de las pateras no es una novedad, pero ¿cuántas veces se lanza al mercado un aparato como el iPhone?

Cerré El Mundo... y cogí el Marca. Más sobre Cristiano Ronaldo. Más sobre Rafa Nadal y más sobre los deportes en general. No volví a pensar en la viñeta de Ricardo hasta que ya en casa abrí el PC y leí más sobre el iPhone. Y entonces el dibujo volvió por un momento a mi cabeza... sólo por un momento, mientras calculaba si con lo que yo gasto con el móvil el iPhone me iba a salir por 149 ó por 99 euros, y si me convenía más el de 8 ó el de 16 gigas de capacidad, para la música, las fotos y los cientos de contactos que ahora duermen en la memoria de mi Blackberry. Cuando las cosas vuelvan a estar bien para mi (ahora paso un momento un pelín complicado), estoy seguro de que morderé la manzana, y los chicos de Apple me colocarán en el bolsillo su gadget marciano sin necesidad de que me lo enseñe una Eva de medidas impresionantes. Soy así de tonto, lo compraré incluso si el modelo del anuncio es un camionero gordo, sin afeitar y sudoroso en camiseta de tirantes, manchada del tomate de los spaghetti del menú del día de un restaurante de carretera.

"Debo ser un monstruo insensible", me pasó por la cabeza durante unas décimas de segundo, "nada diferente del resto de mis conciudadanos", me justifiqué casi de inmediato a mí mismo. Mañana en la prensa se hablará de otros tantos que mueren de camino a Europa, mientras sueñan con iPhones que crecen en los árboles como en Valencia las naranjas o los tomates raf bajo los mares de plástico de El Egido. Probablemente otro zumbado iluminado por Alá se reventará a sí mismo y a otros 200 en un mercadillo de Bagdad pasado mañana, y yo me limitaré a leerlo en el titular al día siguiente, mientras llego a las páginas de deportes y leo la penúltima hora sobre el fichaje de Cristiano Ronaldo o sobre el de Rafael Van der Vaart ( y su estupenda mujer) por mi querido Real Madrid.

No soy ni por supuesto quiero ser ejemplo de casi nada. Posiblemente gasto más en calcetines de lo que puedo ceder de mi dinero para proyectos solidarios. Y seguro que gasto más en gin&tonics sofisticadísimos en garitos de moda un sábado cualquiera del año. Y no me siento culpable de ello en absoluto, salvo una o dos veces al año, cuando una viñeta de El Mundo me recuerda la clase de mundo en el que vivo. Un mundo al que yo ayudo a seguir siendo así.

PD: Feliz Cumpleaños, Fernando. Por cierto, tú que has sido siempre de la cuerda de Mac, a ver lo que tardas en tener un iPhone. No mucho, supongo.

3 marineros comentaron:

J. F. Sebastian dijo...

La autocrítica, ese sano ejercicio al que tan poco acostumbrados estamos en España.

Hay mucha gente desocupada, es cierto, pero no sólo los jueves por la noche. Hoy sigo viendo colas ante Telefónica.

Soy incapaz de acercarme, si quiero móvil nuevo esperaré a que me lo regalen a cambio de seguir un añito más con ellos.

Aparte de eso, el edificio desprende ciertas reminiscencias bolcheviques... Para mí que el proyectista pensó que lo iban a levantar en la Plaza Roja. En la gran vía no pega ni con cola... No sé a que esperan para demolerlo y hacer otro teatro Movistar.

Hans dijo...

Mi muy querido amigo,
El I-Phone llegó a mi casa -que como sabes es la tuya- hace siete meses, procedente de los estados juntitos :D. Se lo pusieron los Reyes a mi Reina, jatetú.

MedinaSidonia dijo...

... debí suponerlo, vive Dios... pero... ¿y el iphone 3G? ¿eh? Ahí te he pillado, amigo... o a lo mejor no, que acaba de ser tu cumple.