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martes 22 de julio de 2008

¡¡Nos quedamos en la Prospe!!


Hace tres o cuatro meses, el diario El Mundo se marchó de su vieja sede de la calle Pradillo. Ahora desde mi ventana, todavía se ve trabajar a los de El Mundo TV, que de momento parecen ser los únicos que quedan en el edificio. Entre otros, una preciosa rubia en la última planta que ahora debe estar de vacaciones, porque hace días que no la veo.

No, no soy un voyeur cutre ni nada de eso. En fin, simplemente abro las ventanas de mi casa cada mañana, para ventilar y esas cosas. Y qué demonios, ella está ahí cada vez que oreo mi humilde estancia.

A lo que íbamos: En un emotivo editorial en la última página, el periodista John Müller escribiendo "En la columna de Umbral" se despedía del barrio en vísperas del traslado de la redacción a la avenida de San Luis.

Hablaba de los primeros tiempos del diario, en la vecina calle de Sánchez Pacheco. Pero lo más interesante del artículo es la transformación que el barrio ha sufrido en los dieciocho años en los que El Mundo fue un vecino más.

Yo he vivido los dos últimos años en La Prospe. A ciento cincuenta metros de la avenida de Alfonso XIII por el norte. A cincuenta metros de la calle López de Hoyos por el oeste. Paralelo a Pradillo por el este. Y no recuerdo ahora qué hay a cincuenta metros por el sur. Creo que es la calle Pantoja, pero ahora no estoy seguro.

Vivo en un bonito loft de los que ahora abundan por la zona. En los últimos años han derribado decenas de naves y fábricas como la de Danone, y han hecho apartamentos, pisos y lofts. Cada dos o tres semanas cae una nave y queda el solar... pretendiendo, supongo, que esto sea el Soho o el Tribeca madrileño. Uno echa de menos que en el downtown de Manhattan los lofts originales eran auténticas naves industriales de finales del XIX y principios del XX, habilitadas como estudios de artistas sin muchos dólares para el alquiler.

Esto de Madrid no deja de ser un pastiche: han tirado las naves en las que los lofts hubieran tenido el sentido original, para hacer edificios nuevos. La ventaja es que no hay ratas, las instalaciones eléctricas y de saneamiento son nuevas, y mi baño es una réplica casi exacta del baño del Glass Bar del hotel Urban, salvo la ducha marciana en la que el agua sale por tres sitios diferentes, y que lógicamente no tienen en el bar. En dos años y pico, todavía uso la ducha "de toda la vida", esa que sale de arriba-a-abajo, no tengo excesivo interés en las posibilidades masajeadoras de mi baño "made in Mars".

Pero en fin, a vosotros no os interesan mis abluciones matutinas: lo interesante es que como los trabajadores de El Mundo, yo también he vivido en primera persona la evolución de La Prospe.

En el ya lejano y olímpico 1992 vine a estudiar a Madrid un MBA en el Instituto de Empresa. Y fui a parar con dos compañeros de Málaga al número 45 de la calle de Clara del Rey, a no más de trescientos metros de donde vivo ahora. Los tres íbamos andando en quince minutos hasta el 13 de María de Molina, a la altura de Serrano, que es donde está el IE. Hacíamos la compra en un Simago que estaba al lado de casa y que ahora es un Dia, o en un Dia que ahora es un Hiper Usera. La fábrica de Danone todavía estaba en pie, al lado del metro de Alfonso XIII. Ahora acaban de terminar en los terrenos unos pisos que a saber si venderán con la crisis inmobiliaria y los precios que piden.

Donde en el año 92 había un Seven Eleven, ahora hay un Opencor. El concepto no cambia mucho y sirven para lo mismo, aunque la ley antibotellón de Ruiz-Gallardón ahora no te deja comprar cervezas a partir de las diez de la noche. En el 92- 93 nos iba muy bien porque había algún que otro MBAparty en el piso. Creo que el alcalde era Rodríguez-Sahagún, y se podía comprar cerveza a las cuatro de la mañana si la fiesta se ponía muy hardcore. Y si no había fiesta, mejor hacer un caso de finanzas con una cervecita bien fría. O mejor de marketing, que los números se pierden de vista a la tercera cerveza, y las hojas de cálculo Excel no terminan de congeniar bien con ella.

No sé si cuando abrió El Mundo existía ya, aunque supongo que sí: En la esquina de López de Hoyos y Calleja hay un bar que se llama Los Torreznos. Han sido cienes y cienes de cafés a lo largo de dos años, docenas de claras con gaseosa para ver los partidos de Champions del Madrid, y una gente extraordinaria. Alfonso, Raúl, Benito, Violeta... camareros que han sido y son amigos durante media hora al día, el tiempo que duraban dos cafés solos ultracortos y un rápido vistazo al Marca o al Mundo. Por cierto, todos del Madrid menos Raúl, que es del Atleti, el pobre (parece mentira, llamándose Raúl) aunque lo lleva bien. Y menos Violeta, que es peruana y el fútbol le importa un pimiento de piquillo. Allí vi el pasillo del Barça y el subsiguiente 4-1. También el triunfo de España en la Eurocopa.

Me gusta vivir aquí. Los tres años que he pasado (los dos que llevo ahora, y el año de Clara del Rey) me han hecho conocer bastante bien la zona. Conocer a gente. Viví un año cerca de Plaza Castilla, y no me sentí parte de aquello. Aquí es distinto, es como un pequeño Madrid dentro del Gran Madrid.

Hasta hace nada, tocaba marcharse. Dejaba la Prospe y dejaba Madrid. Y lo cierto es que no quería de ninguna manera, pero había que hacerlo. El trabajo (o más bien la falta de él) me llevaba de vuelta a Zaragoza, e iba a echar de menos esto desesperadamente. Los partidos de Champions con dos o tres claras de cerveza con gas, dar una vuelta hasta el Vip's de Velázquez a comprar la prensa los domingos y tomarme un frappuchino de chocolate en el Starbuck's, algún tapeo en la cercanísima calle Corazón de María... al final, cuatro tontadas que te daban la vida.

Hasta echaría de menos la todavía no renovada parada de metro de Alfonso XIII o la un poco más lejana de Concha Espina, una u otra dependiendo de dónde vaya.

Ya habrán visto en el post anterior que ya estoy de nuevo en el mercado. Ni me marcho de La Prospe, ni me marcho de Madrid.

Aunque me hubiera vuelto a Zaragoza, a Madrid se viene siempre, sobre todo por trabajo y más con un AVE que te lleva de Delicias a Atocha en hora y veinte. Aunque no sería lo mismo, volvería a menudo a esta ciudad en la que no nací pero en la que siempre me he sentido en mi casa. Tiene razón ese anuncio del Turismo de Madrid que dice eso de "Si vienes a Madrid, ya eres de Madrid".

Para los que no son o no viven aquí, a veces esta ciudad les resulta demasiado grande, demasiado atascada o demasiado agresiva. Para mí esta es la ciudad perfecta en el país perfecto. Porque es una ciudad con una dimensión humana (Madrid es grande, pero no es Tokio, Los Angeles o el de-efe mexicano). Geográficamente España está en el centro del mundo (miren un mapa), así que Madrid está en el centro del centro del mundo. Y ya puestos, yo vivo en el centro de Madrid, un poco tirando al noreste, eso sí. Pero sobre todo es una ciudad en la que te hacen sentirte en tu casa, supongo que será porque la mayoría somos de fuera y entre todos nos creemos que somos parte de esto.

Por cierto, ya sé que la Tierra es más o menos una esfera y que el centro está en cualquier lugar en el que pongamos el compás. Si fuera de Estocolmo, pondría allí el centro. Pero al menos al llevar la esfera a un plano, España cae en el centro casi exacto. Sí o sí.

He vivido en unos pocos sitios y sé de lo que hablo: San Sebastián, Zaragoza, Dublín, Barcelona y Madrid. Reconozco que lo que en un sentido amplio yo llamaría "mi casa" es Zaragoza, y tengo pocas dudas sobre ello. Pero Madrid me ha atraído siempre como el polo norte magnético a la aguja de una brújula. Y además, yo me considero donostiarra hasta la muerte. Como ven, un lío geográfico-sentimental de mil pares de cojones. Uno más, por otra parte.

Mantengo una historia de amor con esta ciudad desde siempre. Desde la lejanísima mitad de los años setenta, cuando en San Sebastián mi padre dijo que nos llevaría a la capital a conocerla. Recuerdo perfectamente ese primer viaje con mis padres y mis hermanos, alojados en el Meliá Castilla de la calle Capitán Haya. A tiro de piedra de una Castellana que me pareció, en un primer vistazo, el sitio más increíble del mundo. En ese momento surgió el flechazo... y hasta hoy. El resto del viaje confirmó que iba a ser una relación larga, a veces complicada, a veces divertida. Y a veces dura, como en los dos últimos años.

Madrid es una ciudad que se mueve, y se mueve rápido. La gran metrópoli de Europa del Sur, con una pujanza económica y cultural de referencia. El rompeolas de todas Las Españas, donde los ascensores hablan y las niñas ya no quieren ser princesas, como dice la canción de Antonio Flores (que por otra parte decía al final que quería irse de aquí "al Sur donde nací", aunque no se despegaba de esto ni con agua caliente).

Las cosas pasan aquí, y si no pasan aquí, parece que simplemente no pasan. Y admito que esta es una de las cosas que no me gustan, será por ser de fuera: El pasatiempo favorito de los madrileños es hablar de... Madrid. Y lo que pase fuera de los límites de la CAM, casi siempre se la pela, hablan de ello como si hubiera ocurrido en otro planeta. Madrid se mira un poco o un mucho al ombligo como si fuera el centro del mundo en un sentido no sólo geográfico. Si llueve en Madrid, parece que llueve en toda España. Y si no ha llovido en Madrid... pues eso.

En un segundo o tercer plano ya puestos, el Real Madrid es, lógicamente, de Madrid. Y por ello uno puede ejercer de vikingo con toda libertad. No te miran raro, como si fueras un facha obtuso y cavernícola de los de la bandera con la gallina Unagrandelibre . He visto en el Metro a gente con camisetas del Barça, y no pasa nada. Me gustaría ver al contrario.

Si hubiera tenido que irme de Madrid, al menos me hubiera marchado a Zaragoza, eso sí. Asumiendo que ninguna ciudad me gusta como esta, Zaragoza es una ciudad en la que he vivido muchos años. También es mi casa, y aunque no hay un anuncio tipo "Si vienes a Zaragoza, ya eres de Zaragoza", la frase sería tan cierta como en el caso de Madrid. También es una ciudad donde la gente es estupenda. Y tiene la ventaja de que las buenas estaciones de esquí del Pirineo están 320 kilómetros más cerca, y eso para un esquiador obsesivo-compulsivo como yo no es tampoco lo de menos. Había que consolarse.

En fin, hasta siempre, Prospe. Hasta siempre, MadriZ: Os iba a echar mucho de menos. Ahora no tengo que hacerlo y espero que sigamos juntos muchos años.

6 marineros comentaron:

Hans dijo...

Un único comentario que no haga perder la tensión emocional de esta declaración de amor por MAD, una ciudad a la que yo también quiero (mucho): lo de las niñas que no quieren ser princesas y los niños que descubren el mar en un vaso de ginebra no es del hijo de la Lola y el Pescaílla. Es de Sabina, con cuya weltanschauung mantengo -también- una distancia estratosférica, pero a quien respeto como músico y sobre todo como letrista. En cuanto al niñato, al vástago floripondil, no merece la pena echarle cuentas. La muerte por sobredosis no le ha convertido en mejor músico, cantante o lo que pretendiese ser.

MedinaSidonia dijo...

Pues sí... y no

La canción la compuso Sabina... pero el primero en grabarla allá por 1980 fue el hijo de la Faraona.

Luego Sabina la hizo más conocida, desde luego. Al fin y al cabo era suya. Creo que un año después, o así.

Vegetable Man dijo...

gracias por este post. Madrid es la ciudad donde siempre he vivido, hasta que me trasladé. Y me ha traido buenos recuerdos. saludos

elvuelodepeter dijo...

Gracias vecino. Vivo en la Prospe, he trabajado en El Mundo y he estudiado en el IE.

Fantômas dijo...

Buen blog che! Te invito a darte una vuelta por el mío, creo que te puede llegar a interesar por las cosas que veo que posteás. Y de paso si querés intercambiamos enlaces.

The Rooter

Un abrazo.

Jorge dijo...

Muy buenas!

Al igual que tu, y aunque no vengo de fuera de Madrid provincia, de Getafe concretamente, llevo 4 años en La Prospe... y me siento un poco como tu: parte de algo, en este hermoso barrio.

Lo increíble de La Prospe, es el amor que le tienen sus vecinos. Esto seria lo lógico en todas partes, pero no se por qué, no es así siempre...

Queria comentarte que tu blog me ha emocionado, y proponerte algo:

Algunos pequeños comercios del barrio, van a empezar a publicar una revista de distribución gratuita, ya sabes, para publicitarse, y para entablar un modo de comunicación con los vecinos.

El nombre lo puedes inmaginar...: "La Prospe".

No hay espacio para la politica ni para la religión, la unica idea por la que se aboga es: El pequeño comercio es importante, para que el barrio siga siendo el barrio, y no un gran y oscuro dormitorio.

Nosotros (un grupo de jovenes de la Prospe), nos estamos encargando de la maqueta, los contenidos, y todo esto.

¿Te gustaria colaborar? Textos como este de tu blog, seria precioso publicarlos. Ademas, joder, escribes muy bien, y llevas aqui 15 años, y tu como yo, hemos entendido el espiritu de este barrio, que es el espiritu que tiene que tener la revista.

Puedes contactar conmigo en jherreros.llet@gmail.com

Por cierto, me alegro que no tengas que irte. Si yo me tuviera que ir de aquí, querria morirme.

Suerte y gracias, "vecino".